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lunes, 13 de junio de 2011

Impresiones de feria


Algunos de nuestros autores, los que nos acompañaron en estos días de feria y lluvia, o sol y libros, nos deleitan con el otro lado de la mesa. Dominamos qué se siente comprando un libro y haciendo cola (o no) para una charla breve (o no) y una firma. Lo que queremos saber ahora es qué se piensa o siente decorando una portadilla con una dedicatoria. Es por eso que los autores os escriben. Dar voz al interior de la caseta.

Javier Moreno es autor de Alma. Es el primero que se expresa sobre la Feria. 



«Resulta extraño firmar libros en una caseta, se mire como se mire. Es un vestigio de otras épocas, de épocas remotas que ni siquiera aparecen en los libros de historia. De cuando los dinosaurios. Ayuda a la extrañeza el tiempo meteorológico. Llueve y hace un sol de justicia. A eso se le llama hacer un tiempo de Feria. A ello se añade que no tengo plumas, que casi no tengo bolis. Siempre me olvido de traer bolis a las presentaciones y a las firmas. En esta ocasión acudió en mi ayuda mi amigo Óscar Curieses. Lo suyo sí es una pluma. Con ella en la mano uno se siente más autor. Pero el problema mayor, naturalmente, es el de las dedicatorias. Al menos para mí. No me gusta repetir la dedicatoria, así que la cosa consiste en auscultar al lector y repentizar algo. Es como echar el tarot. Uno espera acertar. Pero siempre pienso que no, que el lector espera otra cosa y que uno nunca está a la altura de sus lectores. Lo peor es cuando uno les devuelve el libro firmado y leen allí mismo la dedicatoria. Entonces me invade el temor de que me devuelvan el libro y me digan que cómo se me ocurre, que ya me vale. Pero lo que más teme un autor –un autor como yo- es equivocarse con el nombre y firmarle el libro a fulanito cuando fulanito no se llama fulanito sino Pepe. Yo siempre temo equivocarme con los nombres. Me pasa con las personas y con las cosas. Temo confundirme. Continuamente. Por eso me gustan más los verbos. Con los verbos uno se siente más a gusto. Al fin y al cabo uno ha venido a la Feria a firmar, repito la frase una vez tras otra, a modo de consuelo.»

Javier Moreno

martes, 5 de abril de 2011

ALMA, RESTOS DE ALAS por Javier Moreno

Alma nace como respuesta (es un decir, nadie empieza a escribir una novela para responder a una pregunta, no se escribe una novela como quien redacta un examen) a la pregunta por la intimidad y, por tanto, del sujeto. ¿Qué es lo que nos conforma? ¿Somos un álbum de fotos, las opiniones que de nosotros tienen los amigos y los enemigos, un perfil de Facebook? Quizás la intimidad no es aquello que creíamos. Quizás la intimidad ha dejado de ser un presupuesto para convertirse en una tarea que tiene que ver más con las palabras que con la salvaguarda de ciertas imágenes. Quizás la intimidad ya solo sea un reducto inencontrable salvo en los libros, un privilegio de escritores, un objeto precioso. Esta novela, como Rosas, restos de alas, de Pablo Gutiérrez, podría ser un libro de instrucciones (Cómo ser J. M., Cómo ser P. G.), los pasos a seguir para fabricarse un alma (un alma es, por ejemplo, un archivo de palabras e imágenes, una carpeta de ordenador organizada en categorías siguiendo un esquema tan absurdo como el de la enciclopedia china de Borges), un alma –casi- freeware, fotocopiable, a disposición de cualquiera. Esta novela, como se verá, responde sobre todo a una voluntad democrática. Por varios motivos:

1.- Todas las almas valen lo mismo, la del autor y la de los personajes.

2.- Lo minúsculo se equipara con lo trascendente. De hecho lo minúsculo es ascendido a la categoría de trascendente.


Por otra parte, está la pregunta de si merece la pena seguir escribiendo ficción en un mundo que vive instalado en ella. Se ha hablado mucho sobre el tema y esta novela -qué esperaban- no es una respuesta definitiva, sino otra manera de reformular la pregunta.


Y, nunca insistiré lo suficiente, no, no soy el director de El País.

JAVIER MORENO.